La Rambla

Una vez más, y probablemente no sea la última, no es fácil empezar un día como hoy. Como no fue fácil terminar el de ayer, detener la rabia, conciliar el sueño. Nueva York, Madrid, Londres, París, Niza, Berlín, Bruselas, Manchester…, Barcelona. Pensar en las víctimas. Reconocerte en ellas o en sus familiares. Maldecir, sosegarse, razonar. He paseado cien veces por La Rambla, ese curso horizontal que de forma tan nítida puede representar tanto los valores como la complejidad y las contradicciones de nuestra civilización y que al fin, viene del mar Mediterráneo y a él regresa. En ella he disfrutado la frescura de su mañana un día de invierno, sus atestadas y variopintas tardes de junio o también sus noches revoloteando entre el Gótico y El Raval, a solas, en compañía de mi mujer o de amigos tan queridos. Por allí compré libros, asistí a algún concierto, comí unas extraordinarias Mongetes del Ganxet con botifarra y bolets y probé por primera vez un Negroni en Boades, hace tantos años ya. Ahora todo eso se queda en casi nada por el dolor y la pérdida. La última vez que estuve, hace apenas un par de meses cuando presenté mi última novela, me despedí ahí mismo, a la altura del Carrer de la Canuda, de mi responsable de comunicación y magnífica cicerone de Barcelona, pues mi hotel estaba situado en una calle paralela, a pocos metros de donde ayer los terroristas del Estado Islámico, esa miseria abyecta del ser humano, nos quebraron el corazón.

Hoy, a esta hora triste y dura en la que recuerdo y escribo sé que no es sólo el dolor lo que nos une. Une lo que está junto, los recuerdos, la historia y la experiencia común y compartida. Mujeres y hombres. Inseparables. Cualquiera de nosotros podríamos estar ahí, yaciendo en el suelo, nuestras vidas paradas por esa cimitarra tan falsamente blanca como asesina que ayer se detuvo justo donde el mosaico de Joan Miró da la bienvenida a todos los viajeros con una flecha que indica el camino para adentrarse en el corazón de la ciudad y sus gentes, hoy en silencio. Un silencio que hoy es la forma de honrar a quienes ya son nuestros muertos. Los muertos que debemos recordar para que Barcelona siga representando lo mejor de una burguesía cultivada y plural que frene las ansias arrogantes y crueles de los extremos y de los extremistas. Y también un silencio inteligente que sirva como punto de apoyo para hablar y caminar en paz, seguros, libres e iguales, por las ramblas de casi cualquier lugar del mundo.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carmen Borja dice:

    “No tinc por” ha sido la respuesta a tanto dolor y tanta barbarie. Gracias por esta estampa del corazón de Barcelona. Yo también deseo ese hablar, caminar, trasegar tranquilamente de todos, en paz y con las mejores intenciones. Un fuerte abrazo.

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    1. Jorge Ordaz dice:

      Con el corazón encogido por la barbarie perpetrada, yo tambioén espero seguir “rambleando”.
      Gracias, Javier, por tan sentido texto.

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      1. Javier Lasheras dice:

        Gracias, Jorge. Un abrazo.

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    2. Javier Lasheras dice:

      Gracias a ti por responder y por no tener miedo. Un abrazo fuerte y a seguir caminando y hablando por las ramblas de la vida.

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