Félix Grande, sin prisa.

Hoy, en Zenda:

Yo acababa de hablar con una amiga. Frente a frente, café por medio. Estaba rota. Había vuelto a fumar. Huida de sí misma. Ya saben: del amor, el aburrimiento, el desamor, el vacío, todo el dolor… A veces es imposible desleír ese grumo de suciedad que se nos pone cuando nos dejan, o dejamos, y no sabemos qué hacer con lo que fuimos, expulsados sin aviso de un reino al que no podemos pedir cuentas. Ella tenía prisa. Y yo también. Pero recordé un libro que podría servirle de consuelo. Le pedí que me esperara cinco minutos. No más. El tiempo para que hiciera una llamada, si quería. La librería estaba al lado de la cafetería en la que estábamos. Fui directo a la sección de poesía. Hacía tiempo que no le regalaba ese libro a nadie y creo haberlo hecho en una veintena de ocasiones. Y, además, siempre lo he recomendado: Las rubáiyátas de Horacio Martín, firmado por Félix Grande (Mérida, 1939 – Madrid, 2014). [Leer más…]

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