Mira

Desde una habitación del Hotel Nacional de Moscú, por el que a buen seguro aún pulula el espectro alucinado de Lenin, observo al norte la ancha y bulliciosa calle Tverskaya; al sur, los jardines de Alejandro y el Kremlin con sus torres rematadas en estrellas de rubí. Detrás, la Plaza Roja, con el mausoleo del bolchevique…