Bienaventuradas sean las orejas Grande

Para recordarte, primo, hago palanca y me caliento la garganta con un vaso de Peinado no vaya a ser que en este instante me abata la derrota. Sí, te escribo haciendo palanca, tal y como escribieras en aquella balada familiar —que fue la de tantos en nuestro país— cuando a tu abuelo el Palancas le…