Muerte

Estaba yo velando a mis otros fantasmas, a Félix Grande y a Paco de Lucía, a esas ánimas buenas que acaban de irse y todavía estaban paralizadas mis manos ante el pecado de la muerte, cuando de repente sin aviso y sin permiso se acercó de nuevo a mis adentros para llevarse a Ana María…

La felicidad, desesperadamente

El otro día vino a comer a casa un amigo de mi mujer. Durante el aperitivo nos comentó que había leído un libro mío y con una exquisita sensibilidad confesó que se había «sentido reflejado, cómplice con el narrador» y hasta reconfortado en ciertos momentos de su lectura. Como quiera que mi vanidad suele cumplirse…